febrero 23, 2024
Ciudades

SICILIA: PALERMO, MONREALE, LA “SCALA DEI TURCHI”Y EL VALLE DE LOS TEMPLOS

Por Nuria Araguás y A.B.S

Fotos cedidas por © Sensación del Noroeste

Llegamos a Palermo en el vehículo que alquilamos en el mismo aeropuerto de Catania seis días antes, en un recorrido por la costa siciliana que hemos ido relatando en los números anteriores, SICILIA: EL ETNA, TAORMINA Y CEFALÚ, y SICILIA: UNA ISLA CON IDENTIDAD. En los tres días que nos quedaban en tan fabulosa isla, visitamos Palermo, una escapada a Monreale, y dos puntos muy señalados en el sur: la “Scala dei Turchi” y el “Valle de los Templos”.

PALERMO, CONCIERTO ENTRE CULTURAS

Palermo, capital de Sicilia, se sitúa en una ensenada natural a las orillas del mar Tirreno. Las manifiestas huellas de conquistadores a lo largo de su historia forman   parte del patrimonio artístico y arquitectónico de la ciudad. El estilo árabe-normando, palacios e iglesias barrocas y teatros neoclásicos como el Teatro Máximo coexisten con coloridos y bulliciosos mercados al aire libre.  

Vistas desde la Catedral

El aspecto deteriorado de antiquísimas construcciones en contraste con el resplandor de edificios y palacios restaurados, enaltecen su encanto. La comida callejera o Street food se instala en las calles como una parte de la identidad de los palermitanos. Palermo es una ciudad viva y fascinante que bien merece una visita.

Veníamos de Cefalú, un pueblo marinero situado a 68 kilómetros, en el que pernoctamos los dos días previos. Una vez en Palermo, nos alojamos en el Hotel NH frente al mar, que nos ofrece un bonito paseo marítimo cercano al puerto. Es por tanto una localización estupenda para excursiones en barco a las Islas Eolias o a las Islas Egadas y para visitar el centro histórico de la ciudad, que se halla tan solo a 15 minutos caminando. Una zona de las más bonitas y agradables de Palermo. 

Plaza Bologni

Al encontrar frente al hotel estacionados varias bicicletas y patinetes eléctricos de servicio público, no dudamos un segundo en bajarnos la App (ridemovil), fácil de usar una vez nos dimos de alta. Este medio fue el que utilizamos para desplazarnos hasta y por el centro de Palermo. La tarifa de día resultó bastante rentable, tomando y dejando el patinete o bicicleta (según disponibilidad), en los diferentes trayectos.

Lo primero que hicimos fue recorrer paseo marítimo en bicicleta, conocido como Foro Itálico. Un parque en el que los locales disfrutan de zonas verdes a la sombra de las palmeras, se relajan en los bancos de cerámica o simplemente pasean frente al mar. La luz rosa del atardecer nos dejó imágenes preciosas de la bahía. 

Catedral de Palermo

El carril bici nos llevó hasta una de las puertas de entrada a la ciudad, la monumental Porta Felice, aduana en el siglo XVI, que conduce a la calle principal y la más antigua del casco histórico, la Via Vittorio Emanuele. Esta avenida de 2 kilómetros de longitud atraviesa en línea recta todo el casco viejo hasta la otra de las puertas de la ciudad, la Porta Nuova (siglo XV), conectando ambos umbrales. La Porta Nuova está unida a la estructura del célebre Palacio Real o Palacio de los Normandos, siendo una de los construcciones más fotografiadas y representativas de Palermo. En la fachada podemos ver el águila, emblema municipal de la ciudad.

Via Vittorio Emanuele

La Via Vittorio Emanuele ha mantenido históricamente la función de conectar la parte alta de la ciudad con el área portuaria, extendiéndose a su alrededor el casco histórico. Parte de su trazado es peatonal y es muy transitada por lugareños y turistas. La recorrimos al anochecer, con el encendido de farolas, buena temperatura y el gentío en bares, terrazas y restaurantes ubicados en las plazuelas que se abren a ambos lados de la extraordinaria calzada. En algunos tramos los históricos edificios de portones cerrados y tenues farolas crean una atmósfera un tanto misteriosa, hasta reencontrarnos de nuevo con el bullicioso ambiente de las calles paralelas. 

Realizamos una última parada para terminar el completísimo día en el restaurante I Cucci de la Piazza Bologni, degustando la pasta típica de Palermo: pasta con le sarde (pasta con sabrosas sardinas que nos recuerdan al sabor de las anchoas). Un plato muy sabroso y tradicional de la capital de Sicilia.

Paseo Marítimo

Volvimos al hotel en bicicleta, por la mañana con la luz del día recorreríamos la Via Vittorio Emanuele, haciendo paradas (mapa en mano) en los puntos más emblemáticos. 

Próximo al hotel, se encuentra un agradable restaurante y bar de copas llamado Kalhesa Restaurant & Sushi Bar, ubicado en el Palacio de Seta cuya historia se remonta a 1673. Ofrece cocina internacional con tapas gourmet, basada en platos tradicionales y sushi. Con una sugerente decoración, una gran bodega -no solo de etiqueta siciliana- así como elaborados cócteles, es el lugar perfecto para terminar la jornada. También realiza eventos de música en directo.

Paseo Marítimo

El día siguiente nos desplazamos en patinete hasta la Porta Nuova, anexa a El Palacio de los Normandos, actualmente sede del Parlamento Siciliano y uno de los puntos principales en la visita a Palermo. Su estructura irregular se debe a las transformaciones a lo largo de los siglos. Está catalogado como bien artístico-monumental de la arquitectura árabe-normanda que data de la época de la dominación normanda en la isla (1130-1194). Patrimonio de la Humanidad por la Unesco fue construido sobre los cimientos de un palacio árabe. En su interior se encuentra uno de los tesoros de Palermo: la Capilla Palatina, la capilla real de los reyes normandos. Una obra maestra de los musulmanes que en 1143 confeccionaron el extraordinario artesanado con figuras e inscripciones cúficas. Construida por Roger II en 1192 como la capilla real, se halla totalmente revestida de abrumadores mosaicos de fondo de oro. Un espacio que, sin ninguna entrada de luz natural, ostenta una gran luminosidad en las tres naves de las que dispone. La nave central se extiende entre columnas de mármol de diferentes colores y la cúpula alberga el espectacular Pantocrátor (representación de Cristo bendiciendo con la mano derecha). Disfrutamos incrédulas de los infinitos detalles de este impresionante espacio durante un buen rato. Una explosión de luz y color que deja boquiabierto.

Calle de Palermo

El palacio tiene además varios patios internos, dos de ellos porticados en distintos niveles, conectados entre sí por unas monumentales escaleras. Asimismo se pueden visitar antiguos apartamentos reales, el salón del Parlamento conocido como Salón de Hércules, la Sala Gregorietti (bellísima, utilizada como sala de lectura para parlamentarios), el Salón chino, Salón Saboya y el Salottino del Monetario, así como otras galerías y obras pictóricas y que hacen de este conjunto una visita ineludible. 

Recomendamos visitar el palacio fuera de las horas centrales para poder disfrutar de este tesoro el máximo tiempo posible. Asimismo comprar las entradas “on line” para evitar las colas. 

Porta Felice

Una vez en el exterior, nos trasladamos hasta a la Plaza de la Victoria, donde se encuentra la Catedral de Palermo o Basílica de la Virgen de la Asunción. Construida alrededor del año 1185 por el arzobispo Gualtiero Offamilio, su excepcionalidad radica en el hecho de poseer una mezcla de diferentes estilos arquitectónicos tras diferentes fases históricas, que la hacen única en su género. Originalmente era un templo dedicado a Virgen María (año 604) que se transformó en mezquita tras la conquista árabe (año 831) para retornar a un edificio de culto cristiano tras el asentamiento de los Normandos (1072). La extraordinaria armonización y combinación de estilos tan dispares es admirable. El llamativo Pórtico con tres arcos ojivales, es una obra maestra del estilo llamado gótico florido por su riqueza decorativa.

Piazza Quattro Canti

Además de las tumbas reales, merecen una visita el tesoro, y subir a la terraza, desde donde se obtiene varias panorámicas, aunque no a mucha altura. Entre las numerosas capillas destacamos la de Santa Rosalía, Patrona de Palermo que desde el siglo XVII ampara de la peste, terremotos y las tormentas. En la urna (1631) se conservan sus cenizas.

Nos llamó mucho la atención la tumba del padre Pino Puglisi  (15 de septiembre de 1937–15 de septiembre de 1993). Párroco de un barrio decadente dominado por la mafia en el que desarrolló una incipiente labor con los niños de la calle, se enfrentó a la organización, siendo asesinado a manos de un sicario. El Padre Pino Puglisi fue proclamado beato en 2013 por el Papa Francisco. Es el primer mártir de la Iglesia católica asesinado por la mafia. Varios ramos de flores y dibujos escolares se hallan a los pies del sarcófago.

Porta Nuova

Sicilia y Palermo en concreto, sufrieron un verdadero infierno durante las décadas de 1980 y 1990, cuando numerosos funcionarios públicos perdieron la vida en la lucha contra las organizaciones criminales. Civitatis ofrece un interesante Tour de la Mafia por Palermo que permite profundizar en la historia de la mafia siciliana y su evolución hasta la actualidad.

Por otro lado, resulta muy placentero pasear por la Plaza de la Victoria, en la que están instaladas 20 grandes estatuas de santos/as. A espaldas de la Catedral, recomendamos el Ristorante La Galleria ( calle Salita Ramirez 2) que con mesitas dispuestas en una agraciada callejuela y a la luz de las velas, goza de una apetitosa carta. 

Regresamos a Via Vittorio Emanuele, en la que una estrecha calle, Via Pietro Novelli ubica el Teatro Argento. En él se representa la Este teatro de marionetas apareció en Sicilia a principios del siglo XIX y tuvo un gran éxito entre las clases populares, convirtiéndose en una de las expresiones más significativas de la memoria histórica y de la identidad cultural siciliana. Narran historias basadas en literatura caballeresca medieval, en poemas italianos del Renacimiento, en la vida santos o célebres malhechores. Las marionetas son auténticas obras de artesanía.

Mercado

Asistir a una representación de La Opera dei pupi es de las experiencias sicilianas más gratificantes. Con una duración de 60 minutos y en un pequeño y cautivador teatro, la familia Argento trasmite de generación en generación este divertido arte de las marionetas. ¡No te lo pierdas, aunque se realiza en italiano, es una maravilla!

Continuamos dirección Porta Felice siempre por la Via Vittorio Emanuele, haciendo una pausa en la Pasticceria Costa en la que disfrutamos de un café y un dulce típico de Sicilia, el delicioso “cannoli”. Un canutillo relleno de requesón caramelizado, que se expone en todas y cada una de las pastelerías y cafeterías de la isla.

Catedral de Monreale

En el número 392 instamos a que hagáis una parada en una curiosa Iglesia, la del Santísimo Salvatore erigida en la segunda mitad del siglo XVII sobre una antigua basílica del siglo XI. Además de ser un excelente ejemplo de la arquitectura barroca, la singularidad viene de su planta octogonal y su cúpula elíptica que la hacen única en su género. Hoy en día, además de ser utilizada para celebraciones religiosas, se usa como auditorio debido a su excelente acústica. El suntuoso interior, se halla enteramente decorado con mármoles policromados, estucos y frescos. Otra curiosidad es el balcón que se extiende a lo largo de todo el perímetro, desde el que las monjas podían asistir a los actos religiosos. En la majestuosa cúpula hay instalada pasarela que al rodearla ofrece unas vistas de 360° de la ciudad. 

Tras los devastadores bombardeos en la II Guerra Mundial, que destruyeron toda la decoración interior se iniciaron las restauraciones a cargo del arquitecto Franco Minissi quien, resaltó la decoración original a la reconstruida, esta última está en color blanco. También adaptó la iglesia a un auditorio moviendo el eje del longitudinal al transversal, así también redujo la distancia entre el público y la orquesta. Una iglesia extraordinaria que tienes que visitar.

Cuando la Via Vittorio Emanuele se cruza con la Via Maqueda, nos hallamos en el mismo centro de la ciudad vieja, siendo la intersección más emblemática de Palermo, la Piazza Vigliena, en la que se levantan los Quattro Canti. En las cuatro esquinas de esta confluencia se alzan cuatro fachadas cóncavas de cuatro palacios barrocos del s.XVIII. Cada una de ellas tiene tres niveles en los que aparecen, las estatuas de las 4 estaciones, las estatuas de los reyes españoles Carlos V, Felipe II, Felipe III y Felipe IV y en el último nivel las patronas de los distritos de la ciudad (Oliva, Ágata, Ninfa y Cristina). Un monumental cruce, con cuatro fuentes kilómetro cero de Palermo. Por su forma, es difícil de fotografiarla en su totalidad. Es uno de los espacios más armoniosos y representativos.  

Fuente de la Verguenza

Cercano a los Quattro Canti, se encuentra otro simbólico lugar, la Plaza Pretoria que alberga la Fontana della Vergogna (Fuente de las Vergüenzas) del s. XVI. Denominada así en principio por la desnudez de las estatuas, esta monumental fuente, que prácticamente ocupa la plaza, está realizada en mármol blanco de Carrara. Su origen fue el jardín de una residencia florentina que se trasladó a Palermo en 1552. En los siglos XVIII y XIX los palermitanos también la apodaron así, en analogía a la corrupción del ayuntamiento, cuya sede está situada en la misma plaza (Palazzo Pretorio).

La plaza cierra con la iglesia de Santa Caterina, -que, por pudor, en cierto momento mantuvo sus ventanas tapiadas con vistas a la fuente- y dos palacios señoriales: el Palazzo Bonocore y el Palazzo Bordonaro. En mi humilde opinión la fuente me parece un conjunto escultórico bellísimo.

Igualmente, en las proximidades se hallan valiosas obras como San Giuseppe dei Teatini (siglo XVII) que en su interior nos ofrece juegos de luz y color maravillosos, además de otra de las plazas transcendentales y conocidas de Palermo, la Plaza Bellini. En esta plaza se encuentran las iglesias medievales de San Cataldo, caracterizada por sus tres cúpulas de color bermellón y Santa Maria dell’Ammiraglio (Martorana), ambas pertenecen al recorrido árabe-normando. En la plaza Bellini hay una tercera iglesia, la de Santa Caterina d’Alessandria, cuyo convento alberga una pastelería de acceso libre. Clausura la plaza el Teatro más antiguo de Palermo y le da nombre: El Teatro Bellini, en honor al músico siciliano Vincenzo Bellini.

Terminamos en Piazza Marina, un antiguo pantano hasta el siglo XIII que más tarde sirvió como lugar de ejecuciones. Actualmente es un bonito parque urbano. En los alrededores varios palacios ubican algunos museos. La oferta cultural de la capital de Sicilia viene enriquecida con el Teatro Politeama y el Teatro Massimo del siglo XIX. Pertenecen a la época dorada del art Nouveau en Palermo que se identifica con el arquitecto Ernesto Basile.

LOS MERCADOS DE PALERMO, EL MERCADO BALLARÓ, una explosión de colores, olores y sabores.

Imposible dejar Palermo sin visitar alguno de sus mercados al aire libre, ya que es en ellos donde se encuentra una buena parte de la cultura palermitana. Entre los más célebres se encuentra el mercado de la Vucciria, el mercado Ballarò, el mercado de Il Capo y mercado del Borgo Vecchio. 

Elegimos el Mercado Ballaró, por ser el más antiguo, el más grande y el más concurrido, situado a escasos minutos de la Piazza Bellini. Serpenteando por las callejuelas y según nos acercamos, aparecen los comercios de comida rápida con expositores a la calle. El ambiente se vuelve más ajetreado y bullicioso. La mezcla de olores, griterío y vida local es sorprendente. Cajones de fruta y verdura vacías se apilan por las esquinas. Las que tienen mercancía, están expuestas sobre tablones a lo largo de una calle que parece no tener fin, dejando una estela de color. Algunos puestos ofrecen productos para la cata. Probamos cuatro variedades de higos chumbos (de distintos tonos y sabor) que allí mismo nos preparan sobre una bandejita (previo pago de 2€). Vitrinas de bares y restaurantes se sacan al exterior alternando con los puestos de mercancías, ofreciendo la tradicional comida callejera. También las barbacoas y parrillas desplegadas en la calle muestran lo que se cocina sobre las brasas, tanto de carne como pescado, dejando un combinado de olores indescriptibles. En las mesas contiguas, familias y amigos almuerzan en un ambiente festivo. 

Algunas de las especialidades más relevantes de la comida callejera son: el panne con milza (bocadillo de bazo), que según nos cuenta un palermitano, cuesta un poco acostumbrarse a este fuerte sabor, arancini (bolas crujientes rellenas de arroz y otros ingredientes como ragú, jamón, mozarella…) , sfinciuni (parecido a la pizza pero de masa alta y esponjosa), estigghiole (tripas de cordero u otro animal, especiadas en forma de pincho) , pulpo hervido, panelle (fritura de harina de garbanzo) y cazzilli (una especie de croquetas de patata y perejil). 

En el mercado encontrareis todo lo que podáis imaginar e incluso hay una zona de todo tipo de bienes usados.

Mercado Ballaro

Los mercados de Palermo son un espectáculo, lugares donde experimentar el día a día de los lugareños y poder degustar el acreditado Street food siciliano, en los que se respira la atmósfera auténtica de la ciudad.

Palermo es un lugar de contrastes, donde edificios oscuros y ruinosos, conviven con palacios restaurados. Tan pronto uno se encuentra con una maravillosa iglesia bizantina repleta de mosaicos, como camina por calles un deterioradas entre andamios y motos para encontrarse con los mercados entre olores, sabores y griterío. Una ciudad fascinante y llena de vida. 

ESCAPADA A MONREALE

A unos 14 kilómetros de Palermo se sitúa Monreale, una bella localidad que sobre una colina domina la capital de Sicilia. Fue la residencia de descanso de los reyes normandos en el siglo XII y acoge uno de los monumentos más importantes de la isla y una de las joyas del arte normando, la Catedral de Monreale

Debido a la concurrida carretera, unida urbanamente a Palermo, nos llevó 40 minutos llegar a nuestro destino. El aparcamiento municipal desde la Via Arcivescovado desemboca en la fachada oeste de la Catedral, que es la única que está estéticamente decorada. Mas arriba nos recibe la plaza Vittorio Emanuele, que con la Fontana del Tritone sitúa el acceso lateral.

El grandioso conjunto comprende la Catedral y el Claustro de un antiguo convento Benedictino, ambos erigidos en 1174 por el rey normando Guillermo II, en una pugna porque la Catedral fuera más bella que la que se estaba construyendo en Palermo. Por otro lado, el hermoso claustro, cuenta con más de 200 columnas con capiteles de magníficas esculturas en relieve y los arcos rodean un exuberante jardín.

El estilo de la Catedral fusiona elementos de la arquitectura nórdica (como las torres) con elementos del arte árabe (mosaicos). El exterior resulta bastante sencillo en contraste con un sublime interior, recubierto en su totalidad de mosaicos dorados con escenas religiosas que lo cubren casi todo. En la semicúpula del ábside, se encuentra el admirado mosaico del Cristo Pantocrátor. La curvatura de ésta logra crear una ilusión óptica en la que estés donde estés, siempre te está mirando. Con este glorioso interior de gran colorido, donde el dorado destaca sobre la composición contemplaremos episodios contados con un detalle exquisito del Viejo y Nuevo Testamento.

Dentro de la Catedral, una puerta da acceso a los tejados, un recorrido por una serie de pasarelas que ofrecen vistas panorámicas y desde las que se puede ver también una perspectiva del Claustro Benedictino. Por último, callejeamos por las pintorescas calles peatonales de la ciudad vieja, algo que hay que hacer.

SCALA DEI TURCHI 

La Scala dei Turchi o Escalera de los Turcos es una impresionante formación natural en un acantilado. La erosión de la roca caliza, cuya particularidad viene en parte por su color blanco lechoso, ha creado pulidas formas así como una amplia escalinata horizontal que sube por el escarpado y por la que se puede caminar. Situado entre dos playas de fina arena, el contraste del blanco inmaculado con el de la mar turquesa deja un paraje asombroso. Una parte de su nombre se debe al refugio, que en la época, proporcionaban estos acantilados a los piratas turcos.

Para llegar a este enclave desde Palermo tuvimos que atravesar la isla de norte a sur, lo que nos llevó unas dos horas y media. Quizá hubiera estado bien pernoctar un día en Agrigento (una localidad cercana) y disfrutar la zona con más tranquilidad. Aun así mereció la pena, puesto que además completaríamos el día visitando otro imperdonable lugar: el Valle de los Templos.

El Google maps reconoce perfectamente el destino, por lo que una vez señalado, nos dejamos guiar. El trayecto de ida fue bastante entretenido ya que trascurre entre montañas y valles, no así fue el de vuelta, que hicimos prácticamente de noche. 

Cuando alcanzamos la carretera de la costa sur, a pocos minutos de la llegada, realizamos una breve parada en el kiosco Belvedere, que dispone de un hermoso mirador situado en lo más alto del blanco acantilado. A nuestros pies quedan una idílica playa de arena y la una bonita vista del litoral. Nos deleitamos haciendo el sinfín de fotografías que merece.

Continuando, inmediatamente aparecen indicaciones de acceso a la Scala dei Turchi, pero al no ver aparcamiento y seguimos hasta una señalización al Restaurante Majata Beach que, sin saberlo, fue todo un acierto. 

Recomendamos llevar sandalias o cangrejeras y a ser posible bañador para disfrutar al máximo de todo el entorno. Paseamos a orillas del mar bordeando la playa de arena fina, y empezamos a vislumbrar la nívea estructura, sobre la que varias personas están caminando. Parece el decorado de una película.

Atravesamos una pequeña zona de agua y por fin subimos a la grandiosa y suave roca, más inclinada de lo que parece, con una sensación de incredulidad. Lo rodeamos en su totalidad ya que cada plano que surge siempre es mejor que el anterior. Es el lugar perfecto para la fotografía y el ideal para un mágico atardecer. Asentadas sobre una bancada natural, dedicamos un largo rato a la contemplación.

Volvimos sobre nuestros pasos al restaurante Majada Beach. En su terraza frente al mar degustamos una deliciosa pasta con marisco y unos espaguetis con almejas. Un sitio muy recomendable, agradable y de buena cocina, para hacer una pausa antes, o después de visitar la Scala dei Turchi.

EL VALLE DE LOS TEMPLOS

En la localidad de Agrigento se sitúa este conjunto arqueológico que posee los templos griegos mejor conservados fuera de Grecia. Uno de los imprescindibles de Sicilia.

Su historia se remonta al siglo VI a. C. con la fundación de la antigua colonia de Akragas. En el siglo V a. C. la ciudad alcanza su máximo esplendor, convirtiéndose en una importante colonia griega. Es durante este periodo, cuando se construyen los templos que hoy podemos ver. La UNESCO lo reconoce como uno de los principales ejemplos del arte y cultura griegos, incluyéndolo como Patrimonio de la Humanidad en 1997.

El complejo recorre 5 kilómetros de lo que se denomina Via Sacra, en la que se despliegan los distintos vestigios de la época, existiendo dos entradas (con estacionamiento) en ambos extremos. Una vez realizado el recorrido, si no se quiere volver, hay disponible un autobús que lleva de una entrada a la otra. La duración de la visita con explicaciones de guía o audioguía lleva un día completo, ya que el recinto es extenso.

Tras un día disfrutando de la Scala dei Turchi, llegamos al Valle de los Templos al atardecer, y aunque habitualmente suele estar abarrotado, no encontramos mucha afluencia. Nada más entrar y viendo que disponíamos de poco el tiempo, contratamos (altamente recomendable) unos patinetes eléctricos con un guía, que realiza explicaciones y paradas en los puntos más señalados del parque, con una duración de una hora y media. Por fortuna había patinetes disponibles, pero lo mejor es reservar con antelación.

Tras unas pequeñas aclaraciones sobre su uso (que por cierto, tienen asiento) comenzamos una ruta muy cautivadora, con una temperatura ideal y coincidiendo con la caída del sol, que idílicamente se colaba entre las vastas columnas de los templos dóricos. Para completar dichas imágenes y al estar situados sobre una loma, se vislumbra el horizonte, con el mar de fondo.

Un paraje sublime en el que saborear la historia, tratando de evitar las horas centrales del día, ya que el calor puede ser agobiante y sin olvidar una gorra. En los meses de verano también se realizan visitas nocturnas. 

Hicimos la primera parada en el Templo de Juno, que se sitúa en lo más alto de la colina. Circulamos por la empedrada calzada llegando hasta el Templo de la Concordia, muy bien conservado. Realizamos paradas en los restos de la muralla, catacumbas paleocristianas y bizantinas y otras ruinas de esta colonia griega. Un lugar que enriquece, fuente de inspiración de artistas y que fascina a quien lo visita.

Y aquí terminamos este viaje tan intenso y gratificante por Sicilia, recordando los inolvidables lugares en los que hemos estado y que disponéis en los números anteriores: Catania, Siracusa, Noto, Taormina, Monte Etna, Cefalú, Palermo, Monreale, Scala dei Turchi y el Valle de los Templos. Nos hemos dejado muchísimo por explorar en esta grandiosa isla que tiene tanto que ofrecer, y sobre todo y con gran pesar, las paradisíacas islas que posee y que sin duda se merecen dediquemos algo más tiempo en un nuevo encuentro, pero esta vez lo haremos desde el mar. ¡Así sea!   

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