Septiembre 23, 2021

    DIME TUS GENES Y Y TE diré qué comer

    ¿Os imagináis llegar al supermercado y que nuestra lista de la compra fuera nuestro código genético? ¿Os imagináis que allí un ordenador leyera esta lista y según los datos nos indicara con qué alimentos deberíamos llenar nuestro carro? No os lo imagináis porque no existe, por ahora.  La Nutrigenética y la Nutrigenómica investigan la interacción entre genes y alimentos para saber qué es lo mejor que puede comer una persona para estar sana y no favorecer las enfermedades que están en su ADN. Parece ciencia-ficción pero llegará un día que no lo sea. Y ese día está cada vez más cerca.  

    La nutrigenética y la nutrigenómica investigan nuestros alimentos para el futuro

    Por Maika Cano


    En el campo de la nutrición, como en otros muchos, no solo no todo está inventado sino que ni siquiera podemos imaginar lo que está por llegar. Nos llegan noticias de que acabaremos comiendo insectos por sus proteínas, de que las frutas y verduras serán manipuladas para quitarles el oxígeno y conseguir que  duren más, de que los cultivos cada vez serán más sofisticados para ser resistentes a las sequías, o de que la carne de laboratorio es una alternativa cada vez más real. Lo último de lo último, sin embargo, son los numerosos estudios sobre la interacción de los nutrientes de los alimentos y nuestros genes con el fin de determinar cuáles de ellos favorecen nuestra salud según nuestro ADN o cuáles de ellos, por el contrario, estimulan las posibles enfermedades que estamos destinados a tener. 

    Estos estudios se enmarcan en dos disciplinas que cada vez nos van a resultar más familiares, y que se incluyen dentro de la genómica nutricional. La nutrigenómica es la ciencia responsable de explicar los mecanismos por los que determinados nutrientes de los alimentos pueden alterar la estructura de la información genética. La nutrigenética o dieta del ADN, por su parte, estudia la variación de los genes tras la interacción entre la dieta y la enfermedad. Ambas disciplinas se presentan como una alternativa maravillosa a la prevención de las enfermedades a través de la alimentación. 

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    En nuestro ADN está escrito si vamos a ser rubios o morenos, altos o bajos, pero también el riesgo que tenemos a sufrir determinadas enfermedades. Así, si por nuestros genes hay indicios de las posibles enfermedades que podemos desarrollar, la investigación está de nuestro lado para saber cómo modificar el comportamiento de esos genes a través de algunos alimentos o de unos nutrientes específicos, reduciendo la posibilidad de padecer esas enfermedades. Alimentos como medicamentos. Suena bien ¿no?  

    Aunque las expectativas son muy buenas aún falta mucho para saber con seguridad los efectos que determinados nutrientes tienen sobre los genes y, más aún, para concluir que algunos de ellos pueden colaborar en el desarrollo de una enfermedad o en su prevención. Nuestro  perfil genético es tan complejo e individualizado que no va a ser tan fácil conseguir esas dietas personales, aunque los avances se van sumando día a día.  Mientras, debemos desconfiar de que nos vendan el chocolate del loro en cuanto a esas dietas personalizadas según nuestros genes que ya se ofrecen en el mercado al módico y previo precio de unos 1.000 euros y unas muestras de nuestra saliva. Lo cierto es que estas pruebas solo analizan una pequeña muestra de nuestros miles de genes, algunos de los cuales ni siquiera están relacionados con los aspectos nutricionales o metabólicos. 

    Han pasado más de 10 años desde que las investigaciones del genoma humano empezaron a dar resultados: casi 25.000 genes de nuestro código genético han sido secuenciados, 1.000 de ellos identificados como responsables de muchas enfermedades, y otros muchos con funciones que pueden ser modificadas, como podría ser a través de los componentes activos de algunos alimentos. Pero la investigación es cara, sobre todo porque tiene que ser contrastada, de ahí que no parezca muy fiable que online, con unas muestras de saliva o un test, le puedan ofrecer a uno su perfil genético y la dieta acorde. No parece muy coherente ¿no? 

    Érase una vez… Investigación y realidades

    Desde el Proyecto Genoma Humano, los avances en cuanto a genética son indiscutibles, y unidos a ellos, el conocimiento del desarrollo de muchas enfermedades, muchas de las cuales están directamente relacionadas con los genes pero también con factores ambientales como podrían ser los hábitos alimentarios, responsables directos de que muchos compuestos químicos ingeridos al comer alteren la estructura genética y afecten a la salud. 

    Los responsables del Proyecto Fun-C-Food vieron muy claro que la alimentación es uno de los factores de riesgo de las enfermedades más fáciles de controlar. De ahí su trabajo, que acaba de ser prorrogado, y de ahí sus resultados, que se suceden año tras año desde 2007.  

    El Proyecto Fun-C-Food pertenece al Programa Consolider Ingenio del Ministerio de Economía Ciencia y Competitividad y fue creado para conseguir los ingredientes bioactivos, base de los conocidos como alimentos funcionales, definidos como aquellos alimentos que proporcionan al organismo beneficios saludables que van más allá de sus propiedades nutritivas. 

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    El Proyecto Fun-C-Wood cuenta con 17 equipos de investigación de distintas universidades españolas y centros públicos de investigación. Los resultados que obtienen en cuanto a productos y procesos se trasladan a empresas agroalimentarias y biotecnológicas que los incorporarán a los alimentos que todos consumimos. Para Francisco Tomás-Barberán, investigador del CSIC y coordinador del Proyecto Fun-C-Food, “aunque los avances son grandes, aún estamos lejos de comprender todas las ventajas de tantas investigaciones. Lo que no hay que olvidar es que entre tantos individuos, además de la variabilidad genética, existe una gran variabilidad en la composición de la flora intestinal, factor de gran relevancia para saber la influencia de los alimentos en la salud. Más que hablar de alimentos con efectos 100% saludables para el 100% de la población, habrá que hablar de porcentajes de población que podrán disfrutar de los efectos saludables de un determinado alimento”.  

    A lo largo de varios años, y tras las diferentes investigaciones realizadas, enumeramos aquí algunas de las conclusiones obtenidas en los estudios nutricionales de Fun-C-Food, o algunos de sus logros tecnológicos, todos ellos con un potencial que nos proporciona un panorama halagador y beneficioso para nuestra salud: 

    • El consumo de frutos secos reduce el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares y el aceite de oliva proporciona protección celular frente al daño oxidativo. 

    • Los efectos del resveratrol, presente en el vino, por ejemplo, tienen como consecuencia una disminución de la actividad genética relacionada con patologías cardiovasculares y una prevención de las dolencias gastrointestinales. También los polifenoles de esta bebida son objeto de estudio para determinar su incidencia positiva en las enfermedades degenerativas.

    • Algunas investigaciones relacionadas con el consumo de café recogen el hecho de que algunos de sus componentes pueden prevenir la obesidad y proteger frente a las complicaciones derivadas de la diabetes.

    • Avances en el desarrollo de productos derivados del brócoli han dado como resultado la creación de una bebida funcional que combinada con el té verde podría derivar en un producto con propiedades antioxidantes y antitumorales. 

    • El consumo de fresas podría atenuar la formación de úlceras estomacales y la quercetina de la cebolla ha demostrado propiedades antihipertensivas. 

    • Una dieta enriquecida con cacao podría prevenir patologías intestinales como el cáncer de colon. Para la prevención de esta enfermedad también son de gran interés los estudios sobre la interacción y beneficios de la incorporación en nuestra dieta de extractos de romero.

    ALIMENTOS CON FUTURO: LOS ANTIOXIDANTES

    A la espera de que las investigaciones avancen y los resultados se vayan reflejando en realidades que llevarnos a la boca, casi todos sabemos por ciencia y experiencia cómo tiene que ser una alimentación sana y cómo una nutrición inadecuada colabora en el desarrollo de algunas enfermedades. Vayamos más lejos: se tengan los genes que se tengan, todos sabemos que hay alimentos que favorecen la salud y otros muy amigos de la enfermedad. Comer sano va con la genética de todos, y junto a otros hábitos saludables como el ejercicio, es algo que podemos hacer ya, sin excusas. Y que la ciencia mientras siga su curso.

    En el top de estos alimentos sanos se encuentran todos aquellos considerados como antioxidantes. Mucho ha llovido desde aquellos potajes diarios con cuchara a base de bien porque lo importante era llenar el estómago y quitar el frío en una sola comida diaria. Después fueron sucediéndose las modas sobre cómo elegir los alimentos por las calorías o las mezclas entre unos y otros, hasta llegar a lo último de lo último: la fiebre por los sabores y texturas y por los menús deconstruidos. Los alimentos antioxidantes, sin embargo, han existido toda la vida, aunque el término y sus propiedades sean de reciente creación tras numerosas investigaciones. Su riqueza en vitamina C es su gran fuente de poder antioxidante pero también su capacidad para la absorción de los radicales libres, responsables directos del envejecimiento. La mayor parte de las enfermedades están directamente relacionadas con el envejecimiento celular y el valor de los antioxidantes es hacer frente al proceso de envejecimiento de nuestras células y órganos. Y que nadie se confunda y esté pensando en atiborrarse de estos alimentos para volverse más jóvenes de la noche a la mañana. 

    Tomates, manzanas, pimientos, té verde, vino o aceite de oliva, se encuentran en lo más alto del pódium de alimentos antioxidantes, y saludables, indudablemente. Le siguen otras familias como la de los frutos secos o del bosque, el chocolate negro, las alcachofas, las judías pintas y las frutas rojas como las cerezas, las uvas rojas o las ciruelas negras. 

    Las dietas ricas en antioxidantes han demostrado sus efectos beneficiosos ante numerosos procesos de oxidación relacionados con enfermedades cardiovasculares, arterioesclerosis, cáncer, Alzheimer o la degeneración macular. 

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    SALUD A LA CARTA: CUANDO LOS GENES SE SIENTAN A LA MESA 

    Si de primer plato nos ofrecieran salud para nuestro corazón y defensas contra el cáncer, de segundo plato, resolver nuestros problemas de tensión o de insomnio, y de postre dejar de tener problemas intestinales, seguro que no preguntábamos ni el precio, ¿verdad?

    • Una ensalada de espinacas y tomate nos protegerá a nivel neurodegenerativo, cardiovascular y del cáncer de próstata. Si le añadiéramos cebolla, ajos puerros o espárragos los efectos serían entonces para nuestra salud ósea y nuestro sistema inmunitario porque estaríamos favoreciendo la absorción del calcio y estaríamos disminuyendo las posibilidades de padecer cáncer de colon u otras enfermedades intestinales como la de Crohn. 

    • Con un buen plato de pescado azul a la plancha, al ser rico en Omega 3, estaríamos ayudando a mejorar nuestras funciones cardiovasculares, sobre todo si tenemos arritmia. Los procesos depresivos, de fatiga mental, insomnio o de tensión también se ven beneficiados con el consumo de este alimento. 

    • Acompañar y regar estos platos con vino y aceite de oliva supondría mejorar nuestros niveles de colesterol y de presión arterial, y minimizar una posible arterioesclerosis. 

    • A tus genes femeninos les irá bien que junto a estos platos tomes soja, o cualquiera de sus derivados, porque estarías ayudándote a minimizar los molestos síntomas de la menopausia o a padecer enfermedades como la osteoporosis. 

    • Y de postre, una uvas para luchar contra las bacterias que causan la úlcera gastroduodenal y numerosas enfermedades diarreicas, y dos oncitas de chocolate negro. 

    No se puede pedir más. 

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    La Dieta Mediterránea, la salud de un modo de vida

    La mayor parte de los alimentos considerados más sanos forman parte de la Dieta Mediterránea, que en 2010 fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad tras la candidatura presentada conjuntamente por España, Italia, Grecia y Marruecos. Por algo será. 

    Entre los principales ingredientes de la Dieta Mediterránea destacan precisamente esos alimentos que se recomiendan continuamente tras los estudios de nutrigenética y nutrigenómica, alimentos una y otra vez avalados como sanos por sus efectos en la protección de la memoria y del riesgo de sufrir infarto cerebral, o de enfermedades como el cáncer, o diversas cardiopatías.

    En lo alto del pódium se sitúan el aceite de oliva, los cereales y las frutas y verduras frescas o secas. Por debajo, para tomar en proporciones moderadas, la carne, el pescado, sobre todo el azul, y los lácteos; y cerrando la lista, el vino y los condimentos y especias, entre los que destaca el tomillo que tiene hasta 35 componentes antioxidantes. 

    Como curiosidad, el nombre de “Dieta Mediterránea” viene de la palabra griega diaita, que quiere decir “modo de vida”, y es que esta dieta no es solo alimentación sino también cultura y sociedad. 

    Curiosidades

    • Con más de 1.000 especies ya comestibles por una gran parte de la población, los insectos tienen un valor nutritivo proteínico parecido al de la carne pero con más proteínas lo que podría convertirlos en un futuro en una poderosa alternativa ya que su crianza es más barata que la cría de ganado.  

    • A raíz de las numerosas investigaciones realizadas para elaborar los alimentos de los astronautas, la carne de laboratorio se está perfilando como uno de los alimentos amparados en la tecnología con más futuro. 

    • La famosa paradoja francesa alude al hecho de las bajas tasas de colesterol y enfermedades cardiovasculares entre la población francesa, y a su relación directa con el consumo de vino en la comida y su aporte antioxidante gracias a los polifenoles. 

    • El conejo de granja se encuentra entre los alimentos más sanos de la actualidad: aporta pocas calorías, no tiene grasa, es rico en vitaminas, potasio, fósforo y selenio, además de contrarrestar los efectos de la hipertensión o algunos trastornos del aparato digestivo. 

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