Japón II: TAKAYAMA-SHIRAKAWAGO-KANAZAWA

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En el número de noviembre 2018 comenzamos a contaros las vivencias de nuestro viaje por Japón. En aquel momento, os hablamos del que fue el primer destino, Tokio, y, tal y como prometimos, en este artículo seguimos nuestra ruta por “el país del sol naciente”. En esta ocasión, os llevaremos hasta Takayama, Shirakawago y Kanazawa. Si pensáis viajar a este sorprendente país no dejéis de leer el reportaje de Tokio ya que puede daros ideas y facilitaros la visita. Podéis consultarlo en nuestro artículo"Japón”. Nosotros reanudamos el viaje…

UN PASEO POR LOS ALPES JAPONESES

Por Nuria Araguás y A.B.S. Fotos Oficina de Turismo de Japón.  JNTO y Evasión

Tras hacer una pequeña mochila en Tokio y enviar las maletas desde el mismo hotel  (tal y como ya explicamos en el artículo de noviembre) a Osaka,  partimos a Takayama donde pernoctaremos una noche. Al dia siguiente visitaremos la aldea de Shirakawago en nuestro camino a Kanazawa donde nos alojaremos otra noche. El destino final en esta ruta será Osaka donde ya nos quedaremos varios días y donde nos espera el  equipaje en nuestro hotel.

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La opción más rápida para llegar a Takayama desde Tokio – y cuyo trayecto está incluido en el JR Pass, que, siento insistir, recomendamos adquirir en el artículo de noviembre- es el tren bala Hikari (línea Shinkasen Tokaido) hasta Nagoya. En  aproximadamente dos horas llegaremos a Nagoya donde tomamos otro tren a Takayama que tarda otras 2 horas y cuarto. A pesar de las 4 horas y cuarto que dura el trayecto, no se nos hizo pesado, los trenes son muy cómodos y están bien equipados, mesas, wifi, etc…aunque recomendamos llevéis un tentenpié que podéis adquirir en los puestos o tiendas de la estación. Los trenes son muy puntuales, de tal manera que si tienes dudas de si es el correcto, lo corroborará el horario.

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TAKAYAMA, un rincón muy místico

Takayama o Hida- Takayama es una antigua ciudad feudal, en la comarca de Hida, prefactura de Gifu. Es una ciudad acogedora, con un hermoso paisaje y una larga y rica historia. En tan bello entorno, con independencia de la estación del año, y con una llamativa arquitectura que ha permanecido en el tiempo, merece la pena, en nuestra opinión, ser incluida en la ruta por Japón. Takayama nos trasporta a un significativo período de la historia japonesa, el del Shogunato Tokugawa (1603-1868) o periodo Edo. El fin de este shogunato en la crónica japonesa marca el inicio del período imperial y la era Meiji, una la época de apertura y occidentalización de Japón.

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Takayama©Y.Shimizu©JNTO

Puesto que alojarse en un ryokan es uno de los imprescindibles del viaje, Takayama fue un lugar perfecto para hacerlo. El ryokan es un hospedaje tradicional que, además de deleitarte y sorprenderte, te enseña gran parte de la cultura japonesa. Nos hospedamos en el Ryokan Tanabe, que se halla muy bien ubicado y ofrece además de habitaciones zen, onsen y restaurante. Desde la estación esta bastante cerca aunque ya lo sabíamos al reservarlo y situarlo en el mapa de Takayama que nos dieron en la oficina de Turismo de Japón en Madrid y desde donde organizamos todo el viaje según ya os relatamos.

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Os contamos un poco nuestras impresiones...

A nuestra llegada al ryokan nos recibe una mujer japonesa con vestimenta tradicional y nos invita a descalzarnos ofreciéndonos unas zapatillas y dejando nuestro calzado en unas cajoneras en el hall de entrada. Una vez hecho el check in, enseñando el bono de la reserva, nos dan un muestrario de distintos colores para elegir un “yukata” (un kimono más ligero que el tradicional, que suele tener una tela mas regia) junto con el correspondiente cinturón, también a elegir. El trato al cliente resulta exquisito y, aunque no hablan inglés, ni español, nos entendemos fácilmente. Nos dejamos llevar por el servicio y una vez nos muestran las acogedoras instalaciones, nos conducen a nuestra habitación. Todo nos asombra, los dormitorios son de tatami y no hay mobiliario, ni asomo tampoco de futones donde dormir. Nos instan y ayudan a ponernos el “yukata”. Nos ofrecen té en una pequeña terracita cerrada situada en la misma estancia. Mientras tomamos el té, con delicados movimientos empiezan a montar en el centro de la habitación una mesa baja sobre el tatami. Entran y salen con delicados platitos de cerámica de distintos tamaños, cuencos, cucharas, tazones…un sinfín de delicada vajilla que van depositando de rodillas y casi sin esfuerzo aparente. Sólo hay que dejarse llevar……todo se realiza de una forma exquisita.

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Una vez degustamos los numerosos y sabrosos platos tradicionales de la región a cuyos ingredientes nuestro paladar no está acostumbrado, salimos a pasear por las calles colindantes. Si la temperatura nos hubiera acompañado, salir con el “yucata” hubiera sido lo suyo y nos hubiera permitido llevarnos imágenes increíbles entre templos y puentes. Fue un maravilloso paseo entre luces tenues, casas de madera, restaurantes y bares informales. Entre cristaleras observamos que en la barra un cocinero sirve sake y sushi que elabora en el acto. El trasiego de gente es una constante.

Un ameno paseo que nos mostró la noche de Takayama en la que, por cierto, no nos dejaron entrar en algunos locales por ser exclusivos para hombres.

Cuando volvimos al ryokan, la mesa había desaparecido y, en su lugar, dos mullidos futones se hallaban tendidos sobre el tatami. La vista de la larga calle por la ventana con los locales de luces de neón parece un decorado.

Por la mañana decidimos realizar el recorrido en bicicleta que alquilamos en la misma Estación de Takayama. Hay numerosas rutas marcadas a pie y un magnífico mapa en español que obtuvimos en la Oficina de Turismo ubicada en la misma Estación. Como es un habitual, la estación dispone taquillas para dejar mochilas y equipaje. Muy cerca de estas, se sitúa una tienda de alquiler de bicicletas, donde también podemos dejar nuestras pertenencias pagando una pequeña cuantía. La bicicleta nos permitió recorrer lugares alejados y resultó muy buena opción para acercarnos a templos y santuarios así como adentrarnos en callejuelas donde descubrir la vida cotidiana de la localidad y la belleza natural de Takayama. Nos encontramos con estudiantes en bicicleta por las callecitas de casas perfectamente alineadas a la misma altura. En una calle ancha nos topamos con un gran torii naranja que nos resulta fascinante entre tan verde vegetación. Recorremos el templo en el que no encontramos prácticamente a nadie y se respira paz y armonía.

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En el centro histórico, las tres calles principales son estrechas y llenas de tiendas de productos tradicionales, talleres de artesanía, tabernas y cervecerías (indicadas por una bola de agujas de cedro colgando en el exterior). Hay también muchos restaurantes con especialidades locales y tiendas de antigüedades especializadas en las artes populares. Hay un número considerable de pequeños museos, donde las construcciones son tan interesantes como las exhibiciones.

La visita monumento histórico nacional Takayama Jinya contiene algunos vestigios del modo de vida del Periodo Edo. Se trata de un antiguo edificio gubernamental, el último que se conserva del shogunato de Tokugawa.

Como curiosidad, en muchos escaparates y tiendas se repite un muñeco rojo de varios tamaños, sin rasgos faciales. Se trata de los llamados “sarubobo”, amuletos japoneses asociados a Takayama que tradicionalmente las abuelas y madres hacían para sus hijas y nietas como preludio de buena suerte y felicidad.

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Takayama es asimismo famosa por ser uno de los mejores lugares de Japón para beber sake. Hay varias bodegas donde probar los aromas y sabores únicos de esta bebida. Es otra forma de disfrutar Takayama.

Asimismo no hay que olvidarse de probar la carne de Hida, una carne de vaca orgánica de la mejor calidad tanto en textura como en sabor.

A unos 15 minutos andando, desde el centro, trece templos y cinco santuarios se alinean a lo largo de una explanada rodeada de árboles. Se trata de Higashiyama Teramachi donde la arquitectura, las figuras y otros tesoros artísticos nos hacen comprender por qué Takayama es conocida como "la pequeña Kyoto". Una ruta de unas 2 horas andando entre bosques, templos, santuarios y cementerios que nos trasladan a tiempos pasados. Una ruta recomendable.

Tras comprar unos preciosos palillos de artesanía lacada, un sarubobo y una botellita de sake en un envase muy original, nos dispusimos a dejar Takayama.

En https://www.turismo-japon.es encontrarás toda la información de los distintos puntos de interés, mercados, exposiciones y festivales de primavera y otoño catalogados entre los más bellos de Japón. Takayama también ofrece numerosos onsen, balnearios o estaciones termales perfectos para el descanso y la relajación y muchos de ellos están al aire libre.

Nos encantó Takayama, nos aportó esa sensación de paz que quizá íbamos buscando. Hacia el mediodía tomamos un autobús express, a la aldea de Shirakawago, previa reserva obligatoria. La empresa que recorre el trayecto Takayama – Shirakawago y viceversa se llama Nohi bus y estan ubicados en la estación de autobuses situada al lado de la estación de JR Takayama. El billete no esta incluido en el JR Pass. En aproximadamente una hora y 40 minutos  llegamos al pueblo de Shirakawago, uno de los principales atractivos turísticos de Japón, declarado por la UNESCO en 1995, Patrimonio de la Humanidad.

SHIRAKAWA-GO, una aldea entre montañas

Rodeada de montañas y campos de arroz y atravesada por el río Shogawa,esta tranquila aldea, es conocida por sus casas tradicionales construidas al estilo gassho-zukuri. La principal característica de estas casas es su tejado triangular, hecho de paja y muy inclinado, como unas manos en oración (gassho), que sirve para resistir mejor el peso de la nieve que resulta bastante abundante en esta región. Se trata de casas grandes de 18 metros de largo por 10 metros de ancho y cuatro plantas, donde conviven varias generaciones. Tradicionalmente el último piso se reserva para la cría de gusanos de seda.

En la estación de autobuses, dejamos de nuevo las mochilas en una taquilla y en la oficina de turismo allí ubicada, nos proporcionan un mapa en español con los puntos de interés. Caminar y perderse es lo mejor que se puede hacer por los rincones de esta bellísima localidad.  Entre casonas, flores, canales de agua que llevan enormes carpas de brillantes colores, juncos, nenúfares, campos de trigo, espantapájaros y montañas. Todo un espectáculo. Por lo que observamos, cada estación ofrece un paisaje diferente e igualmente bello. En nuestro caso, el colorido paisaje otoñal fue una auténtica delicia.

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Encontramos posadas (minshuku), algunos ryokan, restaurantes, cafés, tiendas de recuerdos, museos, y casas-museo como la casa Wada o casa Kanda, donde nos invitaron a tomar té. Todo el recorrido se hace a pie y lleva entre 2 y 3 horas.

Hay un magnífico mirador construido en el Castillo de Ogimachi que se halla a 10 minutos en autobús o a 20 minutos andando desde la terminal de autobuses. La subida para contemplar la aldea en su conjunto es un imprescindible y una maravilla.

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Tenemos que recordar, que en Japón no se puede fumar por la calle, existen zonas habilitadas y señaladas para ello, al igual que ocurre en el recorrido por esta localidad.

Tras tomarnos en uno de los puestos del recorrido un pastel de arroz en forma de polo acompañado de una cerveza Kirin (símbolo de un Dragón) volvimos a la estación de autobuses para continuar nuestro camino a Kanazawa.

KANAZAWA, uno de los tesoros de Japón

Después de aproximadamente una hora en autobús lo primero que nos impresiona al llegar a Kanazawa es la Estación Central donde nos deja. No solo por su impresionante cúpula de cristal o el fascinante “torii” que nos recibe de gigantescas proporciones, sino por ser punto de reunión y el corazón de la ciudad. En su interior, además de la oficina de turismo, alberga un espectacular centro comercial donde satisfacer las necesidades de todos los viajeros. Es realmente innovadora.

Tras coger algunos mapas, elegir los puntos para visitar y orientarnos como movernos en transporte publico, nos alojamos en un hotel cerca de este centro neurálgico, para poder aprovechar así, los dos días que tenemos de estancia. Comentar, que dos días se quedan cortos, ya que Kanazawa tiene mucho que ofrecer, pero no se puede ver todo, así que nos seguimos ajustando a la ruta elegida de 17 días en Japón que empezamos a relatar en el número de noviembre.

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Kanazawa es una ciudad espaciosa donde coexiste la tradición y la modernidad. Una ciudad con un hermoso Castillo, símbolo de la cultura tradicional y que junto con los famosos jardines Kenroku-en, entre otros atractivos, atrae a miles de visitantes.

Pero no todo es tradición, en el Museo del siglo 21 encontramos una amplia gama de arte moderno de artistas japoneses y provenientes de todo el mundo.

Kanazawa fue construida por la familia Maeda del clan Kaga en el siglo XVI. La familia Maeda impulsó su desarrollo mediante la organización de barrios residenciales para los samurais y los ciudadanos, así como grupos de templos alrededor del castillo. Estuvo gobernada por un señor feudal que invirtió no solo en potencia militar sino también en educación, creando así una cultura sofisticada y tradicional. Fue la cuarta ciudad más grande de Japón después de Tokio Osaka y Kioto.

Gracias a que se ha escapado de los daños de la guerra y las catástrofes, Kanazawa conserva en buen estado las calles y los elementos culturales de tiempos pasados. Además del Parque del Castillo, el mercado de pescado, los distritos de casas de té, el barrio de los samurais, el de las geishas y comerciantes, la artesanía y gastronomía juegan asimismo un papel importante en la fascinante Kanazawa. Asimismo, gracias a su ubicación próxima tanto al mar como a la montaña, dispone de abundantes ingredientes frescos, que junto a sus técnicas culinarias y la manera en que se sirven los platos permite disfrutarla con los cinco sentidos.

Una vez nos instalamos, desde la estación salen autobuses de rutas circulares que acercan a los puntos de interés. La primera visita fue al Templo sintoísta de Oyama, construido en 1599 en honor al primer señor de la familia Maeda. En las cercanías, y ya sin luz, llegamos a los Jardines Gyokunsen-en que encontramos para nuestro gozo iluminados. Situados alrededor de un estanque central paisajístico, son sin duda un lugar mágico y, donde nos cuentan que se realizan ceremonias de té en uno de los pabellones, previa reserva. Una excelente elección para hacer una pausa y admirar este jardín de estilo Edo, mientras se saborea una taza de té verde en polvo (matcha), acompañado de dulces.

Con tan seductoras imágenes regresamos al hotel y tras un merecido descanso, por la mañana nos fuimos a conocer el barrio samurai a Nagamachi. Esta zona ha conservado el ambiente legendario de las residencias de samurais (bukeyashiki), algunas de las cuales se pueden visitar. Es una zona única, con sus calles adoquinadas y cercadas con paredes de barro que esconden mansiones de lujo. Una visita a la residencia Nomura resulta imprescindible para conocer de primera mano el estilo de vida de los señores del Japón tradicional. También ofrece una magnífica exposición de katanas, enseres y vestimentas que nos resultó bastante interesante. Pasamos el día recorriendo las calles de la zona y por la tarde nos dirigimos al barrio de las geishas.

En el pasado, en el centro de Kanazawa se hallaban numerosas “casas chaya”.

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Las casas Chaya son lugares populares donde se ofrecen eventos de entretenimiento, donde las geishas (animadoras femeninas japonesas) bailan, dan conversación y tocan instrumentos musicales tradicionales desde la época de Edo. Estas “casas chaya” fueron trasladadas en 1820 a cuatro distritos lejos del centro. El más grande de ellos en Kanazawa es el distrito de Higashi Chaya.

Estas hileras de casas históricas han sido nombradas Bienes de Interés Cultural de Japón. El barrio incluye instalaciones donde se puede ver el interior de las casas de construidas hace 180 años. Además, algunos edificios han sido acondicionados como restaurantes, cafeterías y tiendas de souvenirs.

En la actualidad se puede disfrutar de un auténtico espectáculo de geishas, con canto y baile tradicional, en la casa de té Kaikaro. También en la casa de geishas Ochaya Shima. La casa Shima, perfectamente conservada, está abierta al público y ofrece espectáculos musicales en vivo y danza tradicional.

La Asociación de Turismo de la Ciudad de Kanazawa organiza un show de interpretación de geishas en los tres distritos de chaya de la ciudad todos los sábados.

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Higashichayadistrict ©Ishikawa Prefecture Tourist Association and Kanazawa Convention Bureau© JNTO

Toda la información en http://www.kanazawa-tourism.com

En nuestro segundo y último día nos dirigimos al Parque del Castillo de Kanazawa y el Jardin Kenrokuen. Tanto el Parque como el Castillo se encuentran adyacentes y se puede acceder por varias entradas, recomendamos por la entrada Ishikawamon por el puente Ishikawabashi, al que llegamos en autobús. Construida en 1788 es una de las escasas estructuras originales que quedan.

La historia del Parque del Castillo y el jardín Kenrokuen se remonta a 1546 cuando se funda una escuela religiosa llamada Kanazawa Mido. Odu Nobunaga ordenó construir un castillo para su sirviente en 1580 y tres años después se instala Maeda Toshiie, el primero del dominio Kaga. Durante 14 generaciones fue la residencia de esta familia. Del castillo construido por el clan Maeda hace 400 años, ya no perdura nada más que los jardines, la puerta monumental (Ishikawa-mon) y las murallas, aunque algunos edificios han sido reconstruidos recientemente a su semejanza. En los jardines se encuentran paredes de piedra de diseño único en Japón.

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En cuanto a Kenrokuen es un jardín paisajístico con características típicas del periodo Edo (1603-1868). Data de 1676 y originariamente era el jardín exterior del castillo de Kanazawa, ubicado en la pendiente frente a este. Este parque de 10 hectáreas está considerado uno de los tres jardines más bellos de Japón. Debe su nombre de “Jardín de los seis elementos combinados " a sus seis atributos: inmensidad, solemnidad, cuidadosa distribución, respetabilidad, frescura (gracias al agua que fluye a través de él) y paisajes conmovedores.

Pudimos disfrutar de bellos puentes como Hanamibahi, desde donde se contemplan hermosas flores o el puente Gankobahi, salones de té, fuentes, estatuas, bosquecillos y la afamada linterna Kotojitoro entre otras muchas maravillas que encontramos en este idílico y hermoso lugar.

El pino Karasakinomatsu, uno de los árboles mas conocidos del jardín resulta majestuoso. El llamado “yakizuri” (una especie de capucha de cuerdas que colocan sobre la copa de los árboles) se instala en noviembre con el fin de proteger las ramas del peso de la nieve. Esta suele ser la estampa  invernal característica de Kanazawa.

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A la entrada de Kenrokuen nos dan información y un pequeño mapa para poder organizar esta placentera visita. Encontramos mucha gente vestida con traje tradicional (kimono o yucata) que nos halaga visualmente, y claro está, que no hay mejor lugar que estos jardines para hacerse unas bellas fotografías.

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© Kanazawa City© JNTO

Para terminar, en Kanazawa nos hubiera gustado darnos un baño y disfrutar de unos momentos de relajación en las aguas termales de Yuwaku, donde lo hacían las grandes personalidades de la historia de Japón. Este onsen, es uno de los más populares de la ciudad. Una experiencia que nos hubiera encantado disfrutar y que supone todo un viaje al pasado.

Nos consta que Kanazawa tiene muchísimo mas que mostrarnos pero tenemos que seguir nuestra ruta y dejar esta fabulosa ciudad. Querer quedarnos mas tiempo empieza a ser un habitual en este país. Sin duda habrá que repetir…

 

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